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Omega 3 y Depresión Perinatal 15/03/2023 | 174 vistas

La depresión posparto o periparto es un trastorno depresivo mayor que puede tener efectos negativos a largo plazo en las madres y sus hijos. Durante el embarazo, la depresión se ha asociado con un gran número de resultados perinatales adversos. Más aún, la depresión en el posparto ha tenido un impacto negativo en el lazo madre-hijo. En los casos más severos, puede llevar a desenlaces trágicos como el suicidio o infanticidio. Un tratamiento adecuado de la depresión perinatal debe ser una de las prioridades de salud pública. No existen estudios controlados sobre el efecto de fármacos psicotrópicos para el tratamiento de la depresión en el embarazo, lo que nos puede dificultar la toma de decisiones para iniciar un antidepresivo. En general, su uso en el embarazo suele ser seguro, pero muchas de las pacientes suspenden su tratamiento antes o durante el embarazo. Algunas guías clínicas sugieren continuar con el antidepresivo, pero no todas u algunas incluso promueven su suspensión. Idealmente, la decisión debe de ser individualizada, siempre tomando en cuenta las comorbilidades, episodios previos, intentos de suicidio y la preferencia de la paciente. En el periodo posparto, los inhibidores de recaptura de serotonina se han asociado a mayores tasas de remisión de depresión posparto, en comparación con el placebo. Aunque, en la práctica clínica, muchas mujeres prefieren evitar el uso de antidepresivos durante la lactancia y solicitan una terapia alternativa. Aunque la psicoterapia ha sido efectiva en la prevención y tratamiento de la depresión, durante la etapa perinatal no es tan accesible para muchas pacientes, tomando en cuenta que ahora tendrá que cuidar de un recién nacido. Una opción prometedora en vista de todo esto, es el uso de ácidos grasos poliinsaturados OMEGA 3 (PUFAs), como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA). Los PUFAs son nutrientes esenciales, es decir, que se obtienen únicamente a través de la dieta, en particular el aceite de pescado. Fuera del periodo perinatal, las concentraciones de Omega 3 están inversamente asociadas con la incidencia de trastornos depresivo mayor, de acuerdo a varios metaanálisis. En particular las dosis altas de Omega 3 han demostrado tener eficacia antidepresiva, posiblemente por sus propiedades anti inflamatorias. También ha y evidencia de una asociación inversa entre la ingesta de pescado y episodios depresivos durante el periodo perinatal. Se han llevado a cabo estudios prospectivos de casos y controles que han demostrado la asociación entre concentraciones bajas de omega 3 y riesgo de episodio de depresión mayor durante el periodo perinatal. Tanto el embarazo como el periodo posparto aumentan los requerimientos de Omega 3, especialmente para el desarrollo del cerebro fetal. Más aún, en el periodo posparto, que es un periodo de estimulación inmune, los efectos antiinflamatorios y neurotróficos de los omega 3 pueden ser potencialmente benéficos. En un metaanálisis realizado en 2020, concluyeron que la suplementación con Omega 3 tiene un pequeño, pero potencial efecto benéfico sobre la depresión perinatal. Aunque no demostraron ser un buen tratamiento para la depresión en el embarazo, si pueden ser una buena opción para la depresión posparto. Además, se concluyó que las mujeres con trastorno depresivo mayor, se pueden beneficiar de la ingesta de 2200 mg de EPA al día, para la prevención de depresión posparto.   Fuente: Mocking et al. Omega-3 Fatty acid supplementation for Perinatal Depression: a metaanalisis. J Clin Psychiatry 2020; 81 (5): 19r 13106.

El “peso” de la obesidad durante las infecciones 15/03/2023 | 169 vistas

El mundo está viviendo otra pandemia, que es la Obesidad. Aunque se han estudiado ya varios problemas metabólicos y cardiovasculares originados por la obesidad, se sabe menos sobre el impacto de ella sobre la respuesta inmune y enfermedades infecciosas. Los estudios realizados en humanos con obesidad y aquellos en modelos animales, han demostrado repetidamente una alteración en la respuesta inmune, incluyendo la disminución en la producción de citocinas, disminución en la respuesta antígeno-mitógeno, reducción en la función celular de macrófagos y células dendríticas y alteración en la capacidad de las células natural killer. Estudios recientes han demostrado una respuesta inmune alterada en huéspedes con obesidad, que incrementa su susceptibilidad a infecciones como la tuberculosis, influenza, micobacterias, helycobacter pylori y encefalomielitis vírica. Aunque todavía no se define un mecanismo específico para esta disminución de la respuesta inmune a infecciones, hay varios cambios asociados a la obesidad que pueden explicarlos, como la inflamación excesiva, alteración en las señales de adipocinas, cambios metabólicos e incluso la regulación epigenética que puede afectar esta respuesta inmune. Durante la pandemia de COVID-19, ha estado claro que hay algunos factores que impactan en la severidad de la infección, entre ellos la edad y la obesidad. Ambos parecen reducir la capacidad del cuerpo para “pelear” contra la infección, dejando a las personas en estos grupos más propensas a hospitalizaciones y muerte. A medida que envejecemos, nuestro sistema inmune se debilita, dejándonos más susceptibles a infecciones. En esta pandemia ha resaltado el hecho de que la obesidad puede desencadenar cambios inmunológicos similares incluso en individuos más jóvenes. A mayor sobrepeso, e tejido adiposo secreta hormonas y citocinas que promueven un estado proinflamatorio. Esta inflamación crónica aumenta el riesgo para diversas enfermedades, incluyendo las enfermedades autoinmunes, algunos tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y del sistema reproductivo. Es bien sabido que la dieta y algunos suplementos como los ácidos grasos Omega 3 pueden disminuir esta inflamación, sin embargo aún se requieren más estudios para determinar si los suplementos, fibra, prebióticos y probióticos efectivamente pueden reducir la inflamación y potenciar la respuesta inmune en el contexto de alguien con obesidad o diabetes.     Fuente: doi: https://doi-org.pbidi.unam.mx:2443/10.1038/d42859-021-00051-w

Las neuronas que te “obligan” a descansar 15/03/2023 | 183 vistas

Todos hemos visto al más fuerte caer en cama y perder el apetito ante un a gripa. Se ha descubierto que en ratones hay neuronas que “notifican” al cerebro cuando hay una infección como la influenza y desencadena la disminución del movimiento, hambre y sed. En un artículo publicado el 8 de marzo en la revista Nature, los biólogos sensoriales creen que este descubrimiento cambia el paradigma del comportamiento durante la enfermedad. Uno de los coautores de este estudio, el neurocientífico de la Universidad de Harvard, Stephen Liberles, informó que la creencia era que había moléculas mensajeras que se movían del sitio de infección a través del torrente sanguíneo hacia el cerebro, en donde activaban regiones que desataban el comportamiento durante la enfermedad. Entre las moléculas más posibles para hacer esta señalización, se encuentran las prostaglandinas, que se producen en el tejido infectado. La aspirina y el ibuprofeno, al ser inhibidores de prostaglandinas, también suprimen el comportamiento durante la enfermedad, dándonos otra pista de que las prostaglandinas juegan un papel clave. Los autores del estudio mostraron que específicamente un receptor de prostaglandina llamado EP3, es responsable de generar el comportamiento de la enfermedad. El receptor EP3 se encuentra en varias neuronas a través del cuerpo, incluyendo el cerebro. Para probar su función, los investigadores inhibieron los receptores EP3 en cerebro de ratones infectados con influenza y observaron que los ratones tuvieron menos movilidad y menos apetito, indicando que el cerebro no obtenía esas señales de la infección desde prostaglandinas originadas en el torrente sanguíneo. En cambio, los autores encontraron que los agentes clave eran unas neuronas que contenían receptores EP3 localizadas en el cuello de los ratones. Estas neuronas tienen ramas que se estiran, equivalentes a unas “anginas” al tronco encefálico. Esta localización hace sentido, ya que el área de las anginas sirve como “una interfase entre el exterior y lo que entra a la vía aérea” y esta área es rica en células inmunes que pueden producir prostaglandinas cuando se encuentran con patógenos. Otro dato interesante es que en los ratones en los que se bloqueó el receptor EP3 y por lo tanto el comportamiento de movilizarse menos y tener menos apetito, paradójicamente los ratones eran menos propensos a morir. Los investigadores especulan que puede ser un sistema o conducta del comportamiento que ha evolucionado, aunque no sea del todo benéfico. Otra de las hipótesis es que el comportamiento como la inmovilidad, puede ser de ventaja al reducir la propagación de patógenos en las poblaciones. Fuente: https://doi-org.pbidi.unam.mx:2443/10.1038/d41586-023-00675-0